“El efecto positivo de la inclusión se da desde el derecho y no desde la caridad”

Artículo

Andrea Zondek de Fundación Tacal

¿Cuál sería tu análisis general en relación a la inclusión de personas con algún tipo de discapacidad dentro del mercado laboral?

La inclusión laboral de las personas con discapacidad (PcD) es una tarea que requiere del esfuerzo de toda la sociedad chilena. No lo hablo en abstracto, pues la sola acción del sector público y privado, no logrará el cambio cultural necesario. ¿Cuántas personas con discapacidad conoces? ¿Cuántos de ellos muestran día a día sus fortalezas y capacidades? Muchas veces, incontables veces. Pero… ¿cuántos de ellos trabajan? 7 de cada 10 personas no lo hace. En Chile la tasa de desempleo de las personas con discapacidad es de un 71%.

Es posible generar un cambio. Las empresas líderes en el mejor trato a sus trabajadores deben hacer suya la inclusión laboral. Cuando un país se preocupa de su gente, se nota. El empleo es fundamental, implica desarrollo y crecimiento. Las PcD que tienen empleo logran autonomía, participan y, en definitiva al igual que todos, son personas más felices.

Solo la alianza del mundo público y privado logrará la inclusión plena, lo digo con conocimiento de causa. Se requiere un cambio cultural que termine con la mirada
caritativa y de exclusión hacia las PcD. Este trabajo se hace desde la cuna a la vejez, fortaleciendo y ampliando los espacios y procesos de rehabilitación; se hace evaluando una reforma educacional que hoy permite la discriminación de las niñas y niños con discapacidad. Se logra estableciendo leyes que den cuenta de este deber social y, por sobre todo, haciendo un cambio desde cada uno de nosotros.

Sé que los cambios culturales no son fáciles, pero cuando hablamos de inclusión laboral, debemos ser capaces de avanzar en reconocer los derechos, dejar de mirar al otro desde el miedo o la incertidumbre y hacerlo desde sus capacidades y potencialidades.

¿Crees que ha habido pequeños avances?

Si bien hemos avanzado en materia de discapacidad, hay que reconocer que los prejuicios aún existen. Cuando vemos a una persona con discapacidad, miramos su silla de ruedas, su diferencia al hablar o caminar, más que sus capacidades. Si no fuera así, las cifras no serían tan decidoras: solo 3 de cada 10 personas tiene un trabajo formal.

Esta realidad la vivió Álvaro. En una de sus tantas búsquedas, se entrevistó en un supermercado. Como el empleador no se dio el tiempo de observar cuáles eran sus
competencias y solo vio la discapacidad en uno de sus brazos, no fue aceptado… no hubo un segundo para detenerse en sus capacidades.

Hace unas semanas, una importante empresa del área servicios gastronómicos se acercó a Fundación TACAL para contratar personal. Se inició el proceso de entrevistas, pero nos dimos cuenta que había dificultades para que la empresa valorara las capacidades de cada uno; les propusimos a los ejecutivos que evaluaran en forma práctica (haciendo la tarea). De esta forma evaluaron si las personas eran capaces de desempeñarse en la labor y, tras mostrar sus competencias, fueron contratados.

Con estos ejemplos quiero destacar que cuando hablamos de discapacidad y trabajo, debemos hacerlo desde las competencias, como ocurre con cualquiera de nosotros.

¿Cuáles son, según tu criterio, los principales factores u obstáculos que impiden que las empresas sean más abiertas en cuanto a inclusión?

En la Teletón pasada, se señaló que el país tiene una deuda con las personas con discapacidad: hacerse cargo de la falta de oportunidades laborales. Esto es muy cierto. Pareciera que nuestra sociedad no da abasto para una realidad tan compleja como es la falta de empleo. Es importante recordar que en Chile solo 3 de cada 10 personas con discapacidad cuenta con un trabajo.

No se trata solo de una campaña y comenzar a sumar empresas. Se trata de un cambio cultural que en el caso del empresariado implica mirar al otro desde sus aptitudes y competencias, y no desde la caridad o de lo que les pueda faltar.

En Fundación TACAL cumplimos 30 años trabajando por la inclusión laboral de las personas con discapacidad y es frecuente encontrar empresas que manifiestan miedos y prejuicios sobre la discapacidad, lo que dificulta iniciar el trabajo con ellas. Una vez que lo hacen, estos miedos y prejuicios se disipan.

Es habitual escuchar en las empresas: “no pueden”, “no están suficientemente calificados”, “no saben venderse”, “se ausentan o enferman más” o “no contamos con infraestructura”…

Sin embargo, cuando el dueño de una compañía, el que toma decisiones o el encargado de RRHH, se abre a mirar al otro, se da cuenta que un trabajador con discapacidad calificado para el cargo, es un aporte y no una carga, transformándose en un ser humano con derechos, como cualquiera otro trabajador.

La empresa gana no solo un trabajador comprometido, productivo y que será clave en mejorar el clima laboral, sino que habrá un efecto motivador en el resto de los empleados por el rol que cumple la empresa y un reconocimiento social; clave a la hora de los cambios culturales que necesita un país como el nuestro.

Desde la práctica, la red de empresas con las que trabajamos y todas aquellas que se suman día a día, han realizado este ejercicio. Vieron las ventajas y entendieron que la inclusión laboral es una necesidad.

¿Tienen ustedes como Fundación testimonios de cómo impacta positivamente en el entorno de trabajo y clima laboral, el contar con personas con algún tipo de discapacidad?

Recuerdo una situación en la que se vio envuelta una persona con discapacidad, un sindicato y la empresa en la que laboraba: Sonia, una persona con discapacidad trabajaba en una empresa. Para lograr la productividad llegaba antes y se iba después de su horario. Esta situación llevó al sindicato a sugerirle que cobrara horas extras. Sonia, muy impresionada le dijo que no haría que la empresa subsidiara la lentitud de su trabajo producto de su discapacidad.

Este punto de vista produjo una nueva relación entre el sindicato y la empresa, iniciando un trabajo de colaboración para generar mejoras en las relaciones laborales para todos los trabajadores.

Si bien no existen estudios que puedan revelar con certeza el efecto positivo que una persona con discapacidad tiene en el ambiente laboral, si puedo dar fe que en estos 30 años de trabajo de Fundación Tacal y con más de 2.200 personas incluidas en el empleo formal, he visto y escuchado de los propios empresarios y trabajadores, el efecto positivo que tiene la inclusión cuando ésta se realiza desde el derecho y no desde la caridad.

El efecto es claro, se genera un compromiso y empatía, por el solo hecho de apostar por la inclusión.

Entonces es válido preguntarse, si el empresariado abriera más puertas a personas con discapacidad calificadas y con las competencias para un puesto de trabajo; si como sociedad, exigiéramos un espacio inclusivo para todos… tal vez, algunos de los conflictos que hoy surgen y que terminan radicalizados, no llegarían a ese punto, porque seríamos capaces de entendernos, escucharnos y valorar, a partir de la experiencia y los ojos de una persona con discapacidad.

No lo digo como poesía. Las personas con discapacidad se esfuerzan, se levantan una y otra vez, y cuando llegan a un puesto de trabajo valoran ese espacio de sobre manera… porque a diferencia nuestra, saben que pueden hacer la diferencia.

Además de una mayor difusión y apoyo de parte de los medios de comunicación, ¿Qué otras estrategias se podrían ocupar para incentivar a las empresas a incorporar más personas con discapacidad?

En Chile, uno de cada ocho personas tiene discapacidad. Hablo de más de dos millones de chilenos que persiguen ilusiones, metas y aspiraciones, como cualquier ser
humano. Por eso, es tan difícil comprender que como sociedad no solo los discriminemos, sino que “cortemos las alas” para que puedan desarrollarse.

El apoyo de los medios de comunicación es fundamental. A través de ellos se generan realidades y, con esa fuerza, pueden también ser un actor clave para aportar en la difusión de las buenas prácticas y desde ahí motivar a más empresas a contratar personas con discapacidad.

Actualmente existe un proyecto de ley que se discute en el Parlamento y que establece una cuota mínima obligatoria de trabajadores con discapacidad en empresas. Este tipo de ley existe hace muchos años en los países desarrollados.

No obstante, como toda iniciativa que apunta a generar cambios culturales, debe considerar una serie de aspectos que apunten a que se cumplan sus objetivos y no se transforme en una ley que sea letra muerta y que termine perjudicando la causa de la inclusión.

Es importante que sea aplicada con gradualidad. Además, debe contemplar apoyos profesionales para asegurar que las cuotas sean llenadas por personas con discapacidad que tengan competencias para desempeñar el trabajo, y no con cualquier persona sólo para llenar el cupo.

Hemos trabajado con cientos de empresas y miles de personas con discapacidad. Hoy más de 2.200 de ellas cuentan con un empleo gracias a nuestro trabajo. Damos testimonio que con la inclusión laboral todos ganan si las cosas se hacen bien con una mirada desde el derecho y no desde la caridad.

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